La lucha por la justicia de Azul Rojas Marín
Azul Rojas Marín es un símbolo de resistencia y esperanza en la lucha por los derechos de la comunidad LGBTI en Perú. Su historia, marcada por la tortura y el abuso por parte de la policía, se ha transformado en un ejemplo de perseverancia y búsqueda de justicia. Este artículo detalla su valiente camino desde el 25 de febrero de 2008, cuando su vida cambió para siempre, hasta la reciente condena de los agresores que la torturaron.
Un día que cambió su vida
El 25 de febrero de 2008, Azul regresaba a casa a pie por una carretera en el distrito de Casa Grande, en La Libertad, Perú. En un giro inesperado, fue interceptada por un grupo de policías que la forzaron a entrar a un vehículo estatal. La llevaron a una comisaría cercana donde pasó por una experiencia traumática de abuso y tortura. Este día marcó el inicio de una larga batalla legal que duraría más de 17 años.
Un fallo sin precedentes
En 2020, la Corte Interamericana de Derechos Humanos emitió un fallo que reabrió su caso, inicialmente cerrado. Este dictamen fue un hito histórico, ya que por primera vez se responsabilizaba al Estado por violaciones a los derechos de una persona de la comunidad LGBTI. En diciembre pasado, el Tercer Juzgado Penal Colegiado Nacional de Perú condenó a tres agentes de la Policía Nacional a 17 años de prisión por tortura agravada y abuso sexual. Sin embargo, Azul siente que esta victoria no está completa: “No es una reparación concreta, porque ellos siguen libres gracias al descuido del Estado”, afirmó a BBC Mundo.
Una denuncia ignorada
En el momento de los acontecimientos, Azul, un hombre homosexual de 27 años, trabajaba en la chacra familiar en Lache. Después de lo sucedido, volvió a su hogar en shock y, aunque confesó a su madre que había sido golpeado, le costó compartir el resto de lo ocurrido. Con su madre, buscó respuestas en la comisaría, y fue entonces cuando enfrentaron la indiferencia institucional que la acompañaría durante años.
De acuerdo con el fallo de la Corte, “existen y continúan existiendo fuertes prejuicios en contra de la población LGBTI en la sociedad peruana”. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática, el 62,7% de las personas no heterosexuales en Perú han sido víctimas de violencia, aunque solo el 4,4% lo denuncia. Azul lo vivió en carne propia, enfrentándose al rechazo al intentar poner una denuncia.
Un camino lleno de obstáculos
Tras hacer público su caso en medios locales, Azul recibió el apoyo de Promsex, una ONG que la ayudó a llevar su denuncia a instancias internacionales. Sin embargo, la situación no mejoraba en Perú; la fiscalía desestimaba la verosimilitud de su relato, argumentando que, al ser homosexual, podrían haber sido relaciones consentidas las causantes de sus lesiones.
A pesar de las pruebas, en 2009 el juzgado archivó el caso. Pasaron años hasta que, en 2018, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos recomendó la reapertura de la investigación. Finalmente, la Corte Interamericana obligó al Estado peruano a juzgar a sus agresores en 2020.
Un acto de reconocimiento
En noviembre de 2022, el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos realizó un acto público en el que el Estado peruano admitió su responsabilidad y pidió disculpas a Azul. Sin embargo, ella aún no ha recibido la compensación total que le corresponde, y sus agresores continúan en libertad. Para Azul, la condena de los policías parece insuficiente: “No han pagado por su crimen, porque están libres gracias a la inacción del Estado”.
Mirando hacia adelante
A pesar de los desafíos, Azul se siente optimista. Ahora, a sus 44 años, ha decidido estudiar Derecho, impulsada por la beca que obtuvo después de dejar sus estudios por falta de recursos en su juventud. “Poco a poco las cosas están cambiando”, afirma, segura de que el cambio llegará a través de la educación. Además, ha dejado atrás el rencor: “Cargar con odio no permite ser feliz ni vivir en paz”.
Conclusión
La historia de Azul Rojas Marín es un poderoso recordatorio de la lucha por los derechos humanos en Perú. Su valentía a pesar de los obstáculos y su compromiso con el cambio son un faro de esperanza para todos aquellos que enfrentan injusticias.
- Azul Rojas Marín fue víctima de tortura por parte de la policía en 2008.
- La Corte Interamericana de Derechos Humanos reabrió su caso en 2020, marcando un hito en la justicia para la comunidad LGBTI.
- Recientemente, tres policías fueron condenados a 17 años de prisión, aunque siguen libres.
- Azul continúa su lucha por la justicia y estudia Derecho, buscando un cambio en su país.

